Europa y su lugar en el mundo, s. XX

Kapuscinski, Ryszard. 2007. Encuentro con el Otro, Crónicas-Anagrama: 61-62.

[A] mediados del siglo XX empieza el proceso de descolonización; dos terceras partes de la población mundial se hacen con el estatus -al menos nominalmente- de ciudadanos libres. A partir de ese momento, buscan sus raíces, resucitan sus culturas propias, culturas cuya importancia empiezan a subrayar con orgullo y de cuyo seno sacan fuerzas. Europa, cerrada, encastillada en su euro centrismo, parece no ver -o prefiere no ver- que en nuestro planeta surgen civilizaciones no europeas , vivas, dinámicas e importantes, que con insistencia cada vez mayor pujan por hacerse un sitio en la mesa del mundo. Es una época de gran desafío para Europa, que tiene que buscarse un nuevo sitio en esta mesa. Nunca más se sentará a ella siguiendo el principio de exclusividad, incólume y omnipotente como antes.

En un momento así termina la guerra fría, y con ella, la división en dos bloques opuestos; surge un mundo nuevo , más dinámico y más abierto que nunca.

Dos son los factores que favorecen sobremanera esa movilidad y esa libertad. En primer lugar, el renacimiento del espíritu democrático que marca las postrimerías del pasado siglo: se acaba la época de los golpes y regímenes militares, languidecen los tiempos de las dictaduras, de los sistemas de partido único, de la autarquía económica, de censura, de fronteras erizadas de alambres de espino… La democracia se ha puesto de moda, a nadie se le pasa por la cabeza atacarla y menos aún denostarla; incluso los partidos más antidemocráticos llevan en su nombre el adjetivo «democrático».

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Some recent tweets on Free Will, Moral Responsibility and Determinism (Jun-Sep. 2016)

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La charlatanería (bullshit) como opuesta al trabajo bien hecho

Frankfurt, Harry G. 2013. Sobre la charlatanería (On Bullshit) y Sobre la verdad, PaidósContextos: 23-24.

Wittgenstein dijo en cierta ocasión que el siguiente fragmento de un poema de Longfellow podría servirle a él de lema:

In the elder days of art
Builders wrought with greater care
Each minute and unseen part,
For the Gods are everywhere.

En los viejos tiempos del arte
los creadores trabajaban con sumo cuidado
cada elemento, por diminuto e invisible que fuera,
pues los dioses están en todas partes.

El sentido de estos versos es claro. En los viejos tiempos, los artesanos no cortaban por lo sano. Trabajaban con esmero y cuidaban cada aspecto de su trabajo. Tenían en cuenta cada una de las partes del producto y diseñaban y hacían cada una de ellas como era debido. Dichos artesanos no relajaban su concienzuda autodisciplina ni siquiera en detalles de su trabajo que generalmente resultaban invisibles. Aunque nadie fuera a darse cuenta de que esos detalles no estaban bien acabados, los artesanos habrían tenido mala conciencia por ello. De manera que no se barría nada debajo de la alfombra. O, dicho quizo de otra manera, no había lugar para la charlatanería (bullshit).

 

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Interview to Brian Leftow at the University of Navarra

Abstract: In this interview Prof. Brian Leftow answers questions concerning the causes of the emergence of Analytic Philosophical Theology within the analytic tradition; the advantages of maintaining the traditional picture of perfect being theology with regards to divine attributes; his conception about the origin of necessary truths; the problem of evil; and the importance for universities of investing in research on philosophical theology.

Journal: Anuario Filosófico, 49/3 (2016): 663-679.

For a copy you can go to: Anuario Filosófico. [Sample]

This interview was part of the Cluster Group in Analytic Theology at the University of Navarra «Philosophical and Theological Perspectives on Divine Providence».

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Felicidad, actividad de acuerdo con la virtud

Aristóteles, EN I, 8, 1098b 30- 1099a 15

Nuestro razonamiento está de acuerdo con los que dicen que la felicidad es la virtud o alguna clase de virtud, pues la actividad conforme a la virtud es una actividad propia de ella (…). En la vida, los que actúan rectamente alcanzan las cosas buenas y hermosas (…). Para la mayoría de los hombres los placeres son objeto de disputa, porque no lo son por naturaleza, mientras que las cosas que son por naturaleza agradables son agradables a los que aman las cosas nobles. Tales son las acciones de acuerdo con la virtud, de suerte que son agradables para ellos y por sí mismas. Así la vida de estos hombres no necesita del placer como de una especie de añadidura, sino que tiene el placer en sí misma.

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Aristóteles: la vida mejor es una vida según la virtud

Aristóteles, EN I, 7, 1098a 1- 15

Resta, pues, cierta actividad propia del ente que tiene razón. Pero aquél, por una parte, obedece a la razón, y por otra, la posee y piensa. Y como esta vida racional tiene dos significados, hay que tomarla en sentido activo, pues parece que primordialmente se dice en esta acepción. Sí, entonces, la función propia del hombre es una actividad del alma según la razón, o que implica la razón, y si, por otra parte, decimos que esta función es específicamente propia del hombre y del hombre bueno, como el tocar la cítara es propio de un citarista y de un buen citarista, y así en todo añadiéndose a la obra la excelencia queda la virtud (pues es propio de un citarista tocar la cítara y del buen citarista tocarla bien), siendo esto así, decimos que la función del hombre es una cierta vida, y esta es una actividad del alma y unas acciones razonables, y la del hombre bueno estas mismas cosas bien y hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud; y si esto es así, resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera.

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Aristóteles: La felicidad, lo más perfecto

Aristóteles, EN I, 7, 1097a 30- 1097b 5

[…] Si hay sólo un bien perfecto, ése será el que buscamos, y si hay varios, el más perfecto de ellos (…). Sencillamente llamamos perfecto lo que siempre se elige por sí mismo y nunca por otra cosa.

Tal parece ser, sobre todo, la felicidad, pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia y toda virtud, los deseamos en verdad, por sí mismos (puesto que desearíamos todas estas cosas, aunque ninguna ventaja resultara de ellas), pero también los deseamos a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos felices.

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Aristóteles: vivir de acuerdo a la razón o la pasión

Aristóteles, EN I, 3, 1095a 1-10

Cada uno juzga bien aquello que conoce, y de estas cosas es un buen juez; pues, en cada materia, juzga bien el instruido en ella, y de una manera absoluta , el instruido en todo. Así cuando se trata de la política, el joven no es un discípulo apropiado, ya que no tiene experiencia de las acciones de la vida, y los razonamientos parten de ellas y versan sobre ellas; además siendo dócil a sus pasiones, aprenderá en vano y sin provecho, puesto que el fin de la política no es el conocimiento, sino la acción. Y poco importa si es joven en edad o de carácter juvenil; pues el defecto no radica en el tiempo, sino en vivir y procurar todas las cosas de acuerdo con la pasión. Para tales personas, el conocimiento resulta inútil, como para los incontinentes; en cambio, para los que orientan sus afanes y acciones según la razón, el saber acerca de estas cosas será muy provechoso.

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La música: el eslabón entre Política y Poética en Aristóteles

Zagal, Héctor. Amistad y felicidad en Aristóteles. ¿Por qué necesitamos amigos? Ariel: 24-26

[N]o solo es mediante las leyes como se promueve la virtud. También la educación formal parece incidir en su desarrollo. Por ello, la educación es un tema de política pública y no un asunto doméstico. «Es preciso, en consecuencia, preparar de algún modo el carácter haciéndolo familiar con la virtud (aretès) y enseñándole a amar lo bello (kalon) y aborrecer lo vergonzoso (aischrón)» (EN X, 9, 1179b 30-32).

O bien:

«Nadie pondrá en duda que el legislador (nomothétès) debe poner el mayor empeño en la educación de los jóvenes. En las ciudades donde no ocurre así, ha resultad en detrimento de la estructura política porque la educación debe adaptarse a las diversas constituciones ya que el carácter peculiar de cada una es lo que suele preservarla, del mismo modo que la estableció en su origen: el espíritu democrático, por ejemplo, la democracia (demokratían), y el oligárquico la oligarquía (oligarchían); y el espíritu mejor, en fin, es causa de la mejor constitución» (Pol. VIII, 2, 1337a 10-19).

En este punto, Aristóteles no es original. Baste pensar en la experiencia espartana y, por supuesto, en la República de Platón, donde el gobierno controla el tipo de ejercicio físico que practican los jóvenes y la clase de poetas que se leen en la ciudad.

Movido por esta preocupación, Aristóteles revisa con especial detenimiento el curriculum de materias de debería cursar un muchacho: «Cuatro son las materias que se acostumbra enseñar: lectura y escritura (grámmata), gimnasia (gymnastikèn), música (mousikèn), y a veces, en cuarto lugar, dibujo (grafikèn)» (Pol. VIII, 2, 1337b 23-25).

Esto es lo que hace Aristóteles en el último libro de la Política, donde pone especial atención en el tema de la educación musical. Se trata de un libro poco citado entre quienes estudian la Nicomáquea, a pesar de que se trata de un tema crucial; en parte esto se debe a que desde la perspectiva de la metafísica es un texto poco glamoroso. Discutir qué tanto dibujo deben aprender los jóvenes es una pregunta muy diferente de si el cosmos es eterno:

«Asimismo deben aprender a dibujar, no para evitar errores en sus compras particulares o para no ser engañados en la compra y venta de diversos artículos, sino más bien porque el dibujo afina la contemplación de la hermosura corporal. El procurar la utilidad en todas ocasiones no conviene en modo alguno a espíritus magnánimos y libres» (Pol. VIII, 2, 1338a 41-1338b 2).

Y sin embargo, la discusión puntual, precisa y detallada de Política VIII sobre el plan de estudios de los jóvenes es la concreción del propósito de Nicomáquea I. Lo importante no es saber teóricamente qué es la virtud, sino vivirla.

Esto explica, entonces, el motivo por el que Aristóteles le dedica tanta atención a un tema que puede resultar desconcertante. ¿Por qué Aristóteles discute con tanto detenimiento si los jóvenes deben estudiar flauta o cítara?:

«De estas consideraciones se desprende también con evidencia cuáles son los instrumentos que deben usarse. En la educación musical no se han de introducir las flautas ni ningún instrumento profesional como la cítara o cualquier otro de esta especie, sino aquellos que formen buenos estudiantes, ya sea en el campo de la música, ya en otro cualquiera de la educación. Por otra parte, la flauta no es un instrumento del carácter moral, sino más bien de excitación orgiástica, por lo que deberá emplearse en aquellas ocasiones en que el espectáculo se propone la purificación emocional antes que el conocimiento. Añadamos aun, que la flauta tiene para la educación el inconveniente de impedir el uso de la palabra durante la ejecución; y por esto los antiguos vedaron con razón su uso para los jóvenes y los hombres libres, y por más que al principio la hubieran empleado. […] Y viene muy a punto el mito que contaban los antiguos sobre la flauta, cuando decían que Atena, después de haberla descubierto, la tiró. Pudo haber sido, a lo que se dice, por el enfado que le causó a la diosa el ver que el tocar la flauta le desfiguraba el resorte, pero es más verosímil que lo hiciera porque el estudio de la flauta en nada contribuye al desarrollo de la inteligencia, toda vez que nosotros atribuimos a Atena la ciencia y el arte» (Pol. VIII, 6, 134a 17-1341b 9).

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El dios de la ética de Aristóteles

En la Ética a Eudemo, Dios juega un papel en la vida moral de los hombres. Hay un aire de esperanza religiosa:

«Dios (theós), en efecto, no gobierna dando órdenes, sino que es el fin en vista del cual comanda la sabiduría (el término fin tienen a su vez un doble sentido explicado en otra parte) ya que, evidentemente, Dios no tiene necesidad de nada. Aquel modo, por consiguiente, Dios no tienen necesidad de nada. Aquel modo, por consiguiente de elección y adquisición de bienes naturales que promueva en mayor medida la contemplación de Dios […] será el modo mejor y la más bella norma,y será maña, por lo mismo, la que por defecto o por exceso nos impida servir y ver a Dios» (EE VIII, 3, 1249b 14-21).

Palabras que recuerdan la expresión de Platón en las Leyes: «Para nosotros, Dios es la medida de todas las cosas» (Leyes, 716c). Por el contrario, en la Ética a Nicómaco, Dios no juega ningún papel en la vida moral. No hay una creencia en la pervivencia del alma más allá de la muerte, ni tampoco una participación de Dios en el bien de la virtud humana más alta como es la amistad:

«Pero con un ser muy separado de los hombres, como la de la divinidad, no es posible la amistad. De ahí que surja la dificultad de si acaso los amigos no desean a sus amigos los mayores bienes, por ejemplo, que sean dioses, puesto que entonces ya no serán amigos suyos, siquiera, por tanto, un bien para ellos, pues los amigos son un bien» (EN VIII, 7, 1159a 5-10).

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