The Self-love Practical Constitution of the Person.

I’m working on another paper on Harry Frankfurt’s ideas of love: The Self-love Practical Constitution of the Person. The first aim of my paper is to describe the characteristics of Harry Frankfurt’s account of the self-love practical constitution of the person. The second aim is to highlight some problems with this account. The final aim is to present a potential solution inspired by concepts in Robert Spaemann’s explanation of the nature of a person.

The extended abstract is in Academia.edu.

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¿Cómo perdonar?

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 64.

Cómo perdonar: La persona que se deja dominar por su imaginación e inventa agravios o exagera los que recibe, lo mismo quien no distingue lo excusable de lo culpable en el supuesto agresor, se considera obligada a perdonar lo innecesario, con lo que la tarea del perdón se hace mucho más difícil. Pero también es equivocado el camino contrario, el del que aquél que no quiere reconocer las bondades del perdón ante la ofensa real que ha recibido y pretende ignorarla u olvidarla para no tener que perdonarla. En este caso, el efecto del agravio queda dentro, no se resuelve porque no se ha perdonado. Por eso, resulta conveniente someter las ofensas a un análisis riguroso para eliminar la exageración y lo imaginario de nuestra interpretación, aislar lo excusable, pero al mismo tiempo reconocer la ofensa con objetividad. En otras palabras, para perdonar hay que ser realista.

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Perdonar lo aparentemente imperdonable

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 62.

Hay ofensas que parecerían imperdonables, por su magnitud, por recaer sobre personas inocentes o por las consecuencias que de ellas se derivan. Humanamente hablando no encontraríamos justificación suficiente para perdonarlas, y es que el perdón no se puede entender, en toda su dimensión y en todos los casos con esquemas exclusivamente antropológicos (…). Solo desde una perspectiva teológica podemos comprender que incluso lo que parece imperdonable puede ser perdonado, porque ‘no hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino’ (CIC, nº 2845)

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Dios y perdón

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 58-59.

Dios nos ha hecho libres y, por tanto, capaces de amarle o de ofenderle mediante el pecado. Si optamos por ofenderle. Él nos puede perdonar si nos arrepentimos, pero ha establecido para ello una condición: que antes perdonemos nosotros al prójimo que nos haya agraviado. Así lo repetimos en la oración que Jesucristo nos enseñó: ‘Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’. Cabría preguntarnos por qué Dios condiciona su perdón a que nosotros perdonemos y, aún más, nos exige que perdonemos a nuestros enemigos incondicionalmente, es decir, aunque éstos no quieran rectificar. Lógicamente Dios no pretende dificultarnos el camino y siempre quiere lo mejor para nosotros. Él desea profundamente perdonarnos, pero su perdón no puede penetrar en nosotros si no modificamos nuestras disposiciones. ‘Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre’ (CIC, nº 2840). Dios respeta nuestra libre apertura para recibir su ayuda. Y la llave que abre el corazón para que el perdón divino pueda entrar es el acto de perdonar libremente a quién nos ha ofendido, no sólo alguna vez, aisladamente, sino incluso de manera reiterativa

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Cuando se perdona se cancela la deuda del ofensor

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 55.

Cuando se perdona, se cancela la deuda del ofensor, lo cual es incompatible con la intención de retenerla, con no querer olvidarla. En consecuencia, si bien no podemos identificar el perdón con el hecho de olvidar el agravio, sí podemos decir que perdonar es querer olvidar (…) Una ofensa se puede olvidar sin haber sido perdonada, aunque si el agravio ha sido intenso, difícilmente se olvidará si no se perdona. Por eso, cuando la ofensa ha sido grande y se ha decidido perdonarla, el olvido puede ser una clara confirmación de que realmente se ha perdonado. Borges narra con brillante imaginación, un supuesto encuentro de Caín y Abel, tiempo después del asesinato, que ilustra lo que acabo de decir: ‘Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen. Abel contestó: ‘¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no lo recuerdo; aquí estamos juntos otra vez como antes’. ‘Ahora sé que en verdad me has perdonado –dijo Caín-. Porque olvidar es personar. Yo trataré también de olvidar’ (Borges, J. L., 1996, “Leyenda”. Elogio a la sombra, en Obras completas, Buenos Aires, Emecé, p. 391).

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Perdonar: aspecto objetivo y subjetivo.

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 54.

En resumen, perdonar es un acto radical de la voluntad, que incluye un aspecto objetivo y otro subjetivo. Por una parte, la decisión de cancelar la deuda moral derivada de la ofensa y buscar su bien, según convenga en cada caso; por otra, tratar de eliminar los sentimientos adversos provocados por la ofensa, sustituyéndolos o cambiándolos por otros de signo positivo

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Via indirecta contra los sentimientos que provoca la ofensa

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 50.

La eliminación de esos sentimientos negativos, provocados por la ofensa, puede resolverse por una vía indirecta. En lugar de reprimirlos sin más –con lo que no conseguiríamos eliminarlos- es más efectivo tratar de darles un giro que los haga cambiar de signo. Al sentir la herida, podemos pensar en el daño que el otro se ha hecho a sí mismo al ofendernos, y dolernos por él; podemos también pedir a Dios que lo ayude a enmendar su acción errónea, a pesar de que estemos aún experimentando sus efectos. Dicho con mayor propiedad, ‘no está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión’ [CIC, nº 2843].

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Misericordia: virtud que triunfa sobre el rencor

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 50.

Perdonar es dejar de odiar, y esa es, precisamente, la definición de la misericordia: es la virtud que triunfa sobre el rencor, sobre el odio justificado (por lo que trasciende la justicia), sobre el resentimiento, el deseo de venganza o de castigo. Es entonces la virtud que perdona, no por la supresión de la infracción o la ofensa –lo que no podemos hacer- sino por la interrupción del resentimiento hacia quien nos ofendió o perjudicó [Todo el texto es de: Comte-Sponville, A., Pequeño tratado de las grandes virtudes, Santiago de Chile, Andrés Bello: 122]

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Justificación racionalista de la conducta

Frankfurt, Harry G. 2004. Las razones del amor. El sentido de nuestras vidas, Paidós: 42.

Debemos comprender que el anhelo de proporcionar una justificación exhaustivamente racional de la manera en que vamos a conducir nuestras vidas es descabellada. La fantasía hiperracionalista de demostrar que todas nuestras acciones se basan en premisas exclusivamente racionales es incoherente y debemos abandonarla. … Lo que necesitamos es claridad y seguridad… que comprendamos qué es aquello que realmente nos preocupa, y que estemos resulta y firmemente convencidos de que cuidaremos de ello.

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Perdonar

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 47-48.

Qué es perdonar: a diferencia del resentimiento producido por ciertas ofensas, el perdón no es un sentimiento. Perdonar no equivale a dejar de sentir. Hay quienes consideran que están incapacitados para perdonar ciertos agravios porque no pueden eliminar sus efectos: no pueden dejar de experimentar la herida, ni el odio, ni el afán de venganza. De aquí pueden derivarse complicaciones en ámbito de la conciencia moral, especialmente si se tiene en cuenta que Dios espera que perdonemos para perdonarnos Él. La incapacidad para dejar de sentir el resentimiento, en el nivel emocional, puede ser, efectivamente, insuperable, al menos en el corto plazo. Sin embargo, si se comprende que el perdón se sitúa en un nivel distinto al del resentimiento, esto es, en el nivel de la voluntad, se descubrirá el camino que apunta a la solución.

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