Egocentrismo, resentimiento e infelicidad

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 31.

[L]a tendencia a girar en torno a sí mismo, a convertir el propio yo en el centro de los pensamientos y en el punto de referencia de todas las acciones, se llama egocentrismo y es el principal aliado del resentimiento. La persona egocéntrica se hace muy vulnerable porque da demasiada importancia a todo lo que a ella se refiere. Especialmente si se trata de cosas negativas de parte de los demás, suele reaccionar de manera desproporcionada, porque su subjetividad, al estar vertida sobre sí misma, es como una caja de resonancia que multiplica notablemente el efecto auditivo. Esta reacción emocional ordinariamente se retiene, por la concentración del sujeto en su propio yo, se convierte en resentimiento y, consecuentemente, en infelicidad

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Resentimiento y reflexión

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 27-28.

En muchos casos, [en el resentimiento] suele haber un error de apreciación en interpretación de los hechos ocurridos, y una voluntad débil que no sabe impedir el arraigo del resentimiento. Cuando la inteligencia es capaz de reflexionar [porque ‘la formación de la inteligencia consiste sobre todo en la formación y en el ejercicio del conocimiento reflexivo expreso’. Llano, C., Formación de la inteligencia, la voluntad y el carácter, México, Triilas, p. 36.] y juzgar los hechos con objetividad, eliminando la exageración y lo imaginario de sus interpretaciones; cuando logra comprender los motivos y las circunstancias que llevaron a actuar de ese modo a los supuestos agresores; entonces muchos resentimientos reducen su intensidad o incluso desaparecen. Si por otra parte la voluntad es fuerte y no consiente en los agravios recibidos, no permite que las heridas permanezcan dentro porque las expulsa como a un cuerpo extraño, entonces los efectos se reducirán a sentimientos dolorosos pero pasajeros, que no reunirán las características propias del resentimiento y no producirán su efecto venenoso

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El verdadero daño lo padece el resentido

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 26.

El verdadero daño lo padece el resentido, aunque su intención se dirija contra un tercero. Alguien decía con acierto que ‘el resentimiento es un veneno que me tomo yo, esperando que le haga daño al otro’. En efecto, puede ocurrir que aquél contra quien va el rencor ni siquiera se entere, mientras quien lo va vivenciando se está carcomiendo por dentro. Un veneno tiene efectos destructivos para el organismo y el resentimiento que lo produce es frustración, tristeza, amargura del alma. Es probablemente, como decíamos al principio, el peor enemigo de la felicidad porque impide enfocar la vida positivamente y aleja a la persona del bien que le corresponde como ser humano

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Susceptibilidad y venganza

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 24.

En cambio cuando el sentimiento de susceptibilidad que se retiene incluye el afán de reivindicación, de venganza, de desquite, entonces se trata propiamente de un resentimiento, en el sentido clásico del término. El resentido no sólo siente la ofensa que le infringieron, sino que la conserva unida a un sentimiento de rencor, de hostilidad, hacia las personas acusantes del daño, que le impulsa a la revancha.

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Ofensas

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 22-23.

Hay un modo de reaccionar ante las ofensas que se caracteriza sobre todo por su pasividad; consiste sencillamente en retraerse o distanciarse de quien ha cometido la agresión, en ocasiones incluso retirándole la palabra. Los mexicanos solemos calificarlo con el verbo sentirse y Peñalosa lo describe con precisión y buen humor: ‘La susceptibilidad está a flor de piel. Es tan fácil ofender al mexicano. Basta con rozarle la ropa; darle un pequeño empujón, involuntario desde luego, en el tumulto del autobús; quedarse viendo por un segundo a la esposa, así sea para constatar su fealdad, porque dos segundos ya no se resistirían; saludarlo con la cara seria, simplemente porque uno trae un dolor de muelas. Al mexicano no hay que lastimarlo ni con el pétalo de una rosa. Porque se siente. Sentirse es verbo reflexivo que conjugamos todo el día, y que no es fácil hallarle digna explicación filológica, por la sencilla razón de que “sentirse” es un verbo que registra más el alma mexicana que la gramática española. Estar sentido con alguien es lo mismo que estar dolido, triste, enojado por algún desaire que nos hicieron. Muchas veces real y, muchas más, aparente

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La voluntad como un origen del resentimiento

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 21.

La voluntad débil es también origen de resentimientos por otra razón, más sutil, pero ciertamente real. Al no alcanzar lo que desearía o al no lograr lo que se propone, la voluntad influye sobre el entendimiento para que éste deforme la realidad y quite valor a aquello que no ha podido conseguir. En otras palabras “el resentimiento consiste en una falsa actitud de respeto de los valores. Es una falta de objetividad en el juicio y de apreciación, que tiene su raíz en la flaqueza de la voluntad. En efecto, para alcanzar o realizar un valor más elevado hemos de poner un mayor esfuerzo de voluntad. Por lo cual, para liberarse subjetivamente de la obligación de poner ese esfuerzo, para convencerse de la inexistencia de ese valor, el hombre disminuye su importancia, le niega el respeto a que la virtud tiene derecho en la realidad, llega a ver en ella un mal a pesar de que la objetividad obliga a ver en ella un bien. Parece, pues, que el resentimiento posee los mismos rasgos característicos que el pecado capital de la pereza. Según Santo Tomás, la pereza (acedia) es ‘esa tristeza que proviene de la dificultad del bien’”[Wojtila, Karol, 1969, Amor y responsabilidad, Madrid, Razón y Fe: 157-158]

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El resentimiento se sitúa en el nivel emocional de la personalidad

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 16-17.

¿Es posible realmente orientar nuestras reacciones ante las ofensas para que no se conviertan en resentimientos? La dificultad para configurar la respuesta conveniente radica en que el resentimiento se sitúa en el nivel emocional de la personalidad, porque esencialmente es un sentimiento, una pasión, un movimiento que se experimenta sensiblemente. Quien está resentido se siente herido u ofendido por alguien o por algo que influye en su persona. Y es bien sabido que el manejo de los sentimientos no es tarea fácil. Unas veces no somos conscientes de ellos, con lo que pueden estar actuando dentro de nosotros sin que nos demos cuenta; hay quienes experimentan una especial dificultad para amar a los demás, porque no recibieron afecto de sus padres en la infancia, pero no pueden resolver el problema por desconocer la causa. Otras veces ocurre que el resentimiento queda reforzado por razones que los justifican, cuando el sujeto no sólo se siente herido, sino que se considera ofendido. Mediante este proceso intelectual el resentimiento arraiga más, pero sigue siendo un movimiento emocional, una vivencia sensible; si un marido es insultado por su esposa, siente el agravio y nace en él el resentimiento; si, además de sentirlo, piensa que ella lo odia, esta consideración reforzará el sentimiento que está experimentando.

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Paper: Love, Identification and Equality: Rational Problems in Harry Frankfurt’s Concept of Person

Abstract: Harry Frankfurt has published On Inequality, but this is not the first time he has written about this subject. Frankfurt already criticized a rationalistic notion of equality on other occasions (Frankfurt, 1987 & 1997). In these works he says a rationalistic notion of equality cannot fit in with our belief that agents possess their own volitional necessities, which shape volitional structures of the human will. However, Frankfurt’s explanatory connection between volitions, love and identification make it difficult to talk about personal freedom.

This paper was read at 13th International Conference on Persons. BOSTON UNIVERSITY, BOSTON, MA, USA, AUGUST 3-7, 2015.

Journal: Appraisal. Spring 2016, 11: 56-60.

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Necesidad de trascender el deseo y su análisis filosófico

Llano, Alejandro. 2013. Deseo y amor, Encuentro: 42-44.

La respuesta a la cuestión sobre el sentido del amor pasa por lo tanto a través de la purificación y la sanación de lo que quiero, requerida por el bien mismo que se quiere para el otro. Se debe ejercitar, entrenar, también corregir, para que este bien verdaderamente se pueda querer.

“El éxtasis inicial se traduce así en peregrinación (…). A través de ese camino, podrá profundizarse progresivamente, para el hombre el conocimiento de ese amor que había experimentado inicialmente. Y se irá perfilando cada vez más también el misterio que éste representa: ni siquiera la persona amada, de hecho, es capaz de saciar el deseo que alberga el corazón humano; es más, cuanto más auténtico es el amor por el otro, más deja que se entreabra el interrogante sobre su origen y su destino, sobre la posibilidad que tiene de durar para siempre. Así que la experiencia humana del amor tiene en sí un dinamismo que remite más allá de uno mismo; es experiencia de un bien que lleva a salir de sí y a encontrarse ante el misterio que envuelve a toda la existencia” [Benedicto XVI, Audiencia general, 7-XI-2012].

Se puede uno rebelar ante las trampas del deseo como forma de existir en el mundo. Pero no disponemos, al alcance de la mano, de la completa liberación de este tipo de autolimitaciones, porque tiene un carácter original que acompaña a la condición humana desde que alcanzamos memoria histórica. Tarea de la filosofía es desbrozar el terreno, aguzar nuestra capacidad de valoración para advertir que tales perversiones no se pueden corregir desde un plano exclusivamente desiderativo. Para rectificar y purificar el deseo, es preciso ir más allá del deseo.

Uno de los tratamientos más penetrantes y finos del deseo se encuentran en S. Kierkegaard. Me voy a fijar ahora en “Los estados eróticos inmediatos”, incluidos en Lo uno y lo otro (I). Como es bien sabido, el hilo temático es en este caso un comentario a la ópera Don Juan de Mozart.

En el Primer Estadio analizado por Kierkegaard, “el deseo no ha despertado aún, sino que se lo barrunta en la pesadumbre. En el deseo se está siempre lo deseado, que brota del deseo y se muestra como un turbio amanecer” [Kierkegaard, Soren, “Los estadios eróticos inmediatos”, en: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida I. Ed. Y trad de B. S Tajafuerte y D. González, Madrid, Trotta, 2006, p. 97.] El contenido más característico del deseo es lo sensual, que se aleja tras la bruma y vuelve a acercarse al reflejarse en ella. El tema del deseo, que enfoca como captado lo que aún no se posee, es decir, que constituye la presencia de algo ausente, se presta claramente a recibir la aplicación de la peculiar dialéctica kierkegaardiana. “El deseo posee aquello que será su objeto, pero lo posee sin haberlo deseado y, en este sentido, no lo posee” [Ibid.]. Se trata inicialmente de un anhelo tranquilo, de una melancolía ambigua y momentánea. Pero ya en este primer estadio está latente una profunda contradicción interna: no se posee aquello que más atrae.

En el Segundo Estadio, “el deseo despierta, y (…) así como uno se da cuenta de haber soñado sólo en el momento de despertarse, también aquí (…) ese despertar hace que el deseo despierte (…), separa el deseo y el objeto, da un objeto al deseo” [Kierkegaard, “Los estadios eróticos inmediatos”, ed. Cit., p. 101]. Semejante movimiento de lo sensual, ese estremecimiento, abre en un instante una fractura entre el deseo y el objeto, que aparece netamente, justo en su estado de ausencia. Cuando el deseo despierta, el objeto se sustrae, y la nostalgia se pone a vagar. El deseo consiste en hacer descubrimientos, pero al comienzo no está delimitado claramente como deseo. En el Primer Estadio, es un deseo que sueña; en el Segundo, un deseo que busca; y por fin en el Tercero, un deseo que desea.

En el Tercer Estadio, comparece la seducción y el deseo adquiere algo de insensato y perverso. Se trata ya del nivel propiamente erótico. Se configura claramente el genio de lo femenino que atrae a lo masculino y se deja atraer por ello. “Allí no se escucha otra cosa que las voces elementales de la pasión, las campanadas del placer y el ruido salvaje de la embriaguez, allí tan sólo se goza de un eterno tumulto” [Kierkegaard, “Los estadios eróticos inmediatos”, ed. Cit., p. 110]. En el Don Juan de Mozart se conjugan lo sensual y lo cómico, por la propia desmesura y el sinsentido de sus conquistas. “¿Cuál es entonces la fuerza con la que seduce Don Juan? Es el deseo, la energía del deseo sensual. Desea, en cada mujer, lo femenino en su totalidad, y en eso consiste el idealizante deseo sensual con el que embellece y al mismo tiempo vence a su presa. El deseo de esa pasión gigantesca embellece y desarrolla lo deseado que, ante su resplandor, se sonroja de intensa belleza” Kierkegaard, “Los estadios eróticos inmediatos”, ed. Cit., p. 118].

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La experiencia y el estudio de la ética

Scheler, Max. 2001. Ética, Caparrós: 245

El conocimiento, de cualquier clase que sea, radica en la experiencia. Y la Ética debe también, a su vez, fundarse en la ‘experiencia’. Ahora bien, justamente el problema es qué es lo que constituye la esencia de esa experiencia que nos proporciona el conocimiento moral y cuáles son los elementos esenciales que contienen tal experiencia. ¿Qué clase de experiencia me proporciona material para mi juicio cuando juzgo una acción realizada por mí como ‘buena’ o ‘mala’ en el recuerdo, o bien antes de su ejecución, o también cuando juzgo la conducta de mi prójimo? No viene al caso abrir nuestra investigación con el análisis de la proposición que forma el juicio, formulada verbalmente. Las llamadas apreciaciones no son distintas de los juicios en la forma lógica. La cuestión redúcese, pues, a lo siguiente: ¿qué clase de material constituido por hechos corresponde en estos casos, exactamente, a nuestra ‘apreciación’?; ¿cómo llega a nosotros?; ¿de qué factores consta? Los hechos dados inmediatamente que cumplen los predicados en proposiciones tales como: ‘esta acción es selecta, vulgar, noble, baja, criminal, etc.’, y luego el modo como estos hechos llegan hasta nosotros: he aquí lo que ha de ser estudiado.

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