Dos pasajes de Aristóteles sobre la felicidad y la suerte

Aristóteles, EN I, 8-9, 1099a 30- 1099b 10

(…) [E]s evidente que la felicidad necesita también de los bienes exteriores, como dijimos; pues es imposible o no es fácil hacer el bien cuando no se cuenta con recursos. Muchas cosas, en efecto, se hacen por medio de los amigos o de la riqueza o el poder político, como si se tratase de instrumentos; pero la carencia de algunas cosas, como la nobleza del linaje, buenos hijos y belleza, empañan la dicha; pues uno que fuera de semblante feísimo o mal nacido o solo y sin hijos, no podría ser feliz del todo, y quizá menos aún aquel cuyos hijos o amigos fueran completamente malos, o, siendo buenos, hubiesen muerto. Entonces, como hemos dicho, la felicidad parece necesitar también de tal prosperidad, y por esta razón algunos identifican la felicidad con la buena suerte, mientras que otros [la identifican] con la virtud. De ahí surge la dificultad de si la felicidad es algo que puede adquirirse por el estudio o por la costumbre o por algún otro ejercicio, o si sobreviene por algún destino divino o incluso por suerte.

Aristóteles, EN I, 9, 1099b 15-25

Aun cuando la felicidad no sea enviada por los dioses, sino que sobrevenga mediante la virtud y cierto aprendizaje o ejercicio, parece ser el más divino de los bienes, pues el premio y el fin de la virtud es lo mejor y, evidentemente, algo divino y venturoso. Además, es compartido por muchos hombres, pues por medio de cierto aprendizaje y diligencia lo pueden alcanzar todos los que no están incapacitados para la virtud. Pero si es mejor que la felicidad sea alcanzada de este modo que por medio de la fortuna, es razonable que sea así, ya que las cosas que existen por naturaleza se realizan siempre del mejor modo posible, e igualmente las cosas que proceden de un arte, o de cualquier causa y, principalmente, de la mejor. Pero confiar lo más grande y lo más hermoso a la fortuna sería una gran incongruencia.

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El cambio de la visión del Otro

Kapuscinski, Ryszard. 2007. Encuentro con el Otro, Crónicas-Anagrama: 93-95.

He aquí mi Otro. Si la vida pone en su camino a otro Otro -para él lo es- le resultarán fundamentales tres rasgos suyos: raza, nacionalidad y religión. Busco en ellos un denominador común, ese algo que los une, y descubro que todos llevan una gran carga de emoción, tan grande que de vez en cuando mi Otro es incapaz de dominarla. Entonces se produce el conflicto, la colisión, la masacre, la guerra. Mi Otro es una persona extremadamente emocional. Por eso el mundo en que vive es un barril de pólvora que rueda peligrosamente en dirección al fuego.

Mi Otro es un hombre no blanco. ¿Cuántos hay en el mundo de hoy? El ochenta por ciento.

Ocupados en la lucha entre el Este y Occidente, entre democracia y totalitarismo, no enseguida -y no todos- nos dimos cuenta de que mientras tanto había cambiado el mapa del mundo. En la primera mitad de nuestro siglo XX, dicho mapa aparecía organizado según el modelo de la pirámide. Arriba: los sujetos históricos, es decir, los grandes imperios coloniales, Estados del hombre blanco. Y abajo: sus colonias y dominios, territorios de una u otra manera dependientes, o sea, el resto del mundo. Aquella configuración se derrumbó ante nuestros ojos, en vida nuestra, y en la arena de la historia aparecieron, casi de la noche a la mañana, más de cien nuevos países -al menos formalmente independientes-, habitados por las tres cuartas partes de la humanidad. Éste es el aspecto del nuevo mapamundi: lleno de color, variopinto, rico y extremadamente complicado. Fijémonos en que, al comparar el mapa de nuestro globo de los años treinta con uno de los ochenta, nos hallamos ante dos imágenes del mundo totalmente distintas. Además, la relación entre las dos imágenes no es estática ni inamovible sino que, sujeta a una evolución dinámica e imparable, no cesa de experimentar cambios. En la historia contemporánea, de la que somos testigos, nuestros Otros del Tercer Mundo empiezan a adquirir la condición de sujetos, a cobrar una entidad cada vez mayor, son cada vez más significativos.

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Los Otros son el espejo en que nos reflejamos

Kapuscinski, Ryszard. 2007. Encuentro con el Otro, Crónicas-Anagrama: 66-67.

[L]a cultura -vaya, también el mismo ser humano- se forma en situación de contacto con Otros (por eso todo depende en tal medida de ese contacto). Para Simmel, el individuo no se forma sino en un proceso de relación, de vinculación con los Otros. Lo mismo afirma Sapir: «El verdadero lugar donde se desarrolla la cultura está en la interacción entre personas». Los Otros -repitámoslo una vez más- son el espejo en que nos reflejamos y que nos hace conscientes de quiénes somos. Mientras no había salido de mi país, no tenía conciencia de ser blanco y de que tal cosa podía tener alguna influencia sobre mi vida. Sólo cuando me encontré en África, enseguida me la hizo tomar el aspecto de sus habitantes. Gracias a ellos descubrí el color de mi piel, algo en lo que jamás se me habría ocurrido pensar. Los Otros proyectan luz sobre mi propia historia. Al oír hablar de los campos de concentración nazis y de los gulags soviéticos, se asombraban de que el blanco pudiera ser tan cruel con otro blanco. ¿Por qué los blancos se odiaban hasta el extremo de asesinar a sus semejantes a millones? A sus ojos, en el siglo XX la raza blanca se había suicidado. Esto les dio valor para empezar su lucha contra el colonialismo.

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Migraciones en el mundo actual

Kapuscinski, Ryszard. 2007. Encuentro con el Otro, Crónicas-Anagrama: 63-64.

Hay muchos factores que influyen en [la] fiebre migratoria que caracteriza a nuestro planeta en el momento presente; nombremos tan sólo dos:

  • el primero: la revolución electrónica en curso y lo que la acompaña: un gran desarrollo de comunicaciones, transportes, etc. La humanidad abandona las lentas rutas marítimas para optar por las aéreas, que, al acortar mucho el tiempo de viaje, aumentan la movilidad del hombre y ensanchan el abanico de sus contactos con los Otros;
  • el segundo: las desigualdades en el mundo, cada vez más profundas, y, sobre todo, la creciente conciencia de las mismas. En nuestra época, los más pobres intentan disminuir, nivelar, esas diferencias, pero no mediante un enfrentamiento sino a través de la penetración, emigrando a regiones y países más ricos.

En semejante realidad, crece a ojos vistas el número de encuentros y contactos interpersonales, y de su transcurso, así como de la calidad de nuestras relaciones con los Otros -no sólo cada vez más numerosas sino también cada vez más diversas-, dependerá a fin de cuentas el clima del mundo en que vivamos. Como en otros ámbitos de la vida, también en éste las cosas empiezan a funcionar en unas estructuras semejantes a la red: cambiante y dinámica, desprovista de puntos de referencia. Aumenta en ella el número de personas que tienen problemas a la hora de definir su identidad, de delimitar su pertenencia a una sociedad o una cultura. Al sentirse perdidas, aumenta su susceptibilidad a dejarse llevar por las insinuaciones de nacionalistas y racistas que les incitan a ver en el Otro una amenaza, un enemigo, la causa de sus atormentadores miedos y frustraciones.

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Europa y su lugar en el mundo, s. XX

Kapuscinski, Ryszard. 2007. Encuentro con el Otro, Crónicas-Anagrama: 61-62.

[A] mediados del siglo XX empieza el proceso de descolonización; dos terceras partes de la población mundial se hacen con el estatus -al menos nominalmente- de ciudadanos libres. A partir de ese momento, buscan sus raíces, resucitan sus culturas propias, culturas cuya importancia empiezan a subrayar con orgullo y de cuyo seno sacan fuerzas. Europa, cerrada, encastillada en su euro centrismo, parece no ver -o prefiere no ver- que en nuestro planeta surgen civilizaciones no europeas , vivas, dinámicas e importantes, que con insistencia cada vez mayor pujan por hacerse un sitio en la mesa del mundo. Es una época de gran desafío para Europa, que tiene que buscarse un nuevo sitio en esta mesa. Nunca más se sentará a ella siguiendo el principio de exclusividad, incólume y omnipotente como antes.

En un momento así termina la guerra fría, y con ella, la división en dos bloques opuestos; surge un mundo nuevo , más dinámico y más abierto que nunca.

Dos son los factores que favorecen sobremanera esa movilidad y esa libertad. En primer lugar, el renacimiento del espíritu democrático que marca las postrimerías del pasado siglo: se acaba la época de los golpes y regímenes militares, languidecen los tiempos de las dictaduras, de los sistemas de partido único, de la autarquía económica, de censura, de fronteras erizadas de alambres de espino… La democracia se ha puesto de moda, a nadie se le pasa por la cabeza atacarla y menos aún denostarla; incluso los partidos más antidemocráticos llevan en su nombre el adjetivo «democrático».

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Some recent tweets on Free Will, Moral Responsibility and Determinism (Jun-Sep. 2016)

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La charlatanería (bullshit) como opuesta al trabajo bien hecho

Frankfurt, Harry G. 2013. Sobre la charlatanería (On Bullshit) y Sobre la verdad, PaidósContextos: 23-24.

Wittgenstein dijo en cierta ocasión que el siguiente fragmento de un poema de Longfellow podría servirle a él de lema:

In the elder days of art
Builders wrought with greater care
Each minute and unseen part,
For the Gods are everywhere.

En los viejos tiempos del arte
los creadores trabajaban con sumo cuidado
cada elemento, por diminuto e invisible que fuera,
pues los dioses están en todas partes.

El sentido de estos versos es claro. En los viejos tiempos, los artesanos no cortaban por lo sano. Trabajaban con esmero y cuidaban cada aspecto de su trabajo. Tenían en cuenta cada una de las partes del producto y diseñaban y hacían cada una de ellas como era debido. Dichos artesanos no relajaban su concienzuda autodisciplina ni siquiera en detalles de su trabajo que generalmente resultaban invisibles. Aunque nadie fuera a darse cuenta de que esos detalles no estaban bien acabados, los artesanos habrían tenido mala conciencia por ello. De manera que no se barría nada debajo de la alfombra. O, dicho quizo de otra manera, no había lugar para la charlatanería (bullshit).

 

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Interview to Brian Leftow at the University of Navarra

Abstract: In this interview Prof. Brian Leftow answers questions concerning the causes of the emergence of Analytic Philosophical Theology within the analytic tradition; the advantages of maintaining the traditional picture of perfect being theology with regards to divine attributes; his conception about the origin of necessary truths; the problem of evil; and the importance for universities of investing in research on philosophical theology.

Journal: Anuario Filosófico, 49/3 (2016): 663-679.

For a copy you can go to: Anuario Filosófico. [Sample]

This interview was part of the Cluster Group in Analytic Theology at the University of Navarra «Philosophical and Theological Perspectives on Divine Providence».

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Felicidad, actividad de acuerdo con la virtud

Aristóteles, EN I, 8, 1098b 30- 1099a 15

Nuestro razonamiento está de acuerdo con los que dicen que la felicidad es la virtud o alguna clase de virtud, pues la actividad conforme a la virtud es una actividad propia de ella (…). En la vida, los que actúan rectamente alcanzan las cosas buenas y hermosas (…). Para la mayoría de los hombres los placeres son objeto de disputa, porque no lo son por naturaleza, mientras que las cosas que son por naturaleza agradables son agradables a los que aman las cosas nobles. Tales son las acciones de acuerdo con la virtud, de suerte que son agradables para ellos y por sí mismas. Así la vida de estos hombres no necesita del placer como de una especie de añadidura, sino que tiene el placer en sí misma.

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Aristóteles: la vida mejor es una vida según la virtud

Aristóteles, EN I, 7, 1098a 1- 15

Resta, pues, cierta actividad propia del ente que tiene razón. Pero aquél, por una parte, obedece a la razón, y por otra, la posee y piensa. Y como esta vida racional tiene dos significados, hay que tomarla en sentido activo, pues parece que primordialmente se dice en esta acepción. Sí, entonces, la función propia del hombre es una actividad del alma según la razón, o que implica la razón, y si, por otra parte, decimos que esta función es específicamente propia del hombre y del hombre bueno, como el tocar la cítara es propio de un citarista y de un buen citarista, y así en todo añadiéndose a la obra la excelencia queda la virtud (pues es propio de un citarista tocar la cítara y del buen citarista tocarla bien), siendo esto así, decimos que la función del hombre es una cierta vida, y esta es una actividad del alma y unas acciones razonables, y la del hombre bueno estas mismas cosas bien y hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud; y si esto es así, resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera.

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