Perdonar lo aparentemente imperdonable

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 62.

Hay ofensas que parecerían imperdonables, por su magnitud, por recaer sobre personas inocentes o por las consecuencias que de ellas se derivan. Humanamente hablando no encontraríamos justificación suficiente para perdonarlas, y es que el perdón no se puede entender, en toda su dimensión y en todos los casos con esquemas exclusivamente antropológicos (…). Solo desde una perspectiva teológica podemos comprender que incluso lo que parece imperdonable puede ser perdonado, porque ‘no hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino’ (CIC, nº 2845)

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Dios y perdón

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 58-59.

Dios nos ha hecho libres y, por tanto, capaces de amarle o de ofenderle mediante el pecado. Si optamos por ofenderle. Él nos puede perdonar si nos arrepentimos, pero ha establecido para ello una condición: que antes perdonemos nosotros al prójimo que nos haya agraviado. Así lo repetimos en la oración que Jesucristo nos enseñó: ‘Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’. Cabría preguntarnos por qué Dios condiciona su perdón a que nosotros perdonemos y, aún más, nos exige que perdonemos a nuestros enemigos incondicionalmente, es decir, aunque éstos no quieran rectificar. Lógicamente Dios no pretende dificultarnos el camino y siempre quiere lo mejor para nosotros. Él desea profundamente perdonarnos, pero su perdón no puede penetrar en nosotros si no modificamos nuestras disposiciones. ‘Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre’ (CIC, nº 2840). Dios respeta nuestra libre apertura para recibir su ayuda. Y la llave que abre el corazón para que el perdón divino pueda entrar es el acto de perdonar libremente a quién nos ha ofendido, no sólo alguna vez, aisladamente, sino incluso de manera reiterativa

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Cuando se perdona se cancela la deuda del ofensor

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 55.

Cuando se perdona, se cancela la deuda del ofensor, lo cual es incompatible con la intención de retenerla, con no querer olvidarla. En consecuencia, si bien no podemos identificar el perdón con el hecho de olvidar el agravio, sí podemos decir que perdonar es querer olvidar (…) Una ofensa se puede olvidar sin haber sido perdonada, aunque si el agravio ha sido intenso, difícilmente se olvidará si no se perdona. Por eso, cuando la ofensa ha sido grande y se ha decidido perdonarla, el olvido puede ser una clara confirmación de que realmente se ha perdonado. Borges narra con brillante imaginación, un supuesto encuentro de Caín y Abel, tiempo después del asesinato, que ilustra lo que acabo de decir: ‘Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen. Abel contestó: ‘¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no lo recuerdo; aquí estamos juntos otra vez como antes’. ‘Ahora sé que en verdad me has perdonado –dijo Caín-. Porque olvidar es personar. Yo trataré también de olvidar’ (Borges, J. L., 1996, “Leyenda”. Elogio a la sombra, en Obras completas, Buenos Aires, Emecé, p. 391).

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Perdonar: aspecto objetivo y subjetivo.

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 54.

En resumen, perdonar es un acto radical de la voluntad, que incluye un aspecto objetivo y otro subjetivo. Por una parte, la decisión de cancelar la deuda moral derivada de la ofensa y buscar su bien, según convenga en cada caso; por otra, tratar de eliminar los sentimientos adversos provocados por la ofensa, sustituyéndolos o cambiándolos por otros de signo positivo

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Via indirecta contra los sentimientos que provoca la ofensa

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 50.

La eliminación de esos sentimientos negativos, provocados por la ofensa, puede resolverse por una vía indirecta. En lugar de reprimirlos sin más –con lo que no conseguiríamos eliminarlos- es más efectivo tratar de darles un giro que los haga cambiar de signo. Al sentir la herida, podemos pensar en el daño que el otro se ha hecho a sí mismo al ofendernos, y dolernos por él; podemos también pedir a Dios que lo ayude a enmendar su acción errónea, a pesar de que estemos aún experimentando sus efectos. Dicho con mayor propiedad, ‘no está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión’ [CIC, nº 2843].

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Misericordia: virtud que triunfa sobre el rencor

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 50.

Perdonar es dejar de odiar, y esa es, precisamente, la definición de la misericordia: es la virtud que triunfa sobre el rencor, sobre el odio justificado (por lo que trasciende la justicia), sobre el resentimiento, el deseo de venganza o de castigo. Es entonces la virtud que perdona, no por la supresión de la infracción o la ofensa –lo que no podemos hacer- sino por la interrupción del resentimiento hacia quien nos ofendió o perjudicó [Todo el texto es de: Comte-Sponville, A., Pequeño tratado de las grandes virtudes, Santiago de Chile, Andrés Bello: 122]

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Justificación racionalista de la conducta

Frankfurt, Harry G. 2004. Las razones del amor. El sentido de nuestras vidas, Paidós: 42.

Debemos comprender que el anhelo de proporcionar una justificación exhaustivamente racional de la manera en que vamos a conducir nuestras vidas es descabellada. La fantasía hiperracionalista de demostrar que todas nuestras acciones se basan en premisas exclusivamente racionales es incoherente y debemos abandonarla. … Lo que necesitamos es claridad y seguridad… que comprendamos qué es aquello que realmente nos preocupa, y que estemos resulta y firmemente convencidos de que cuidaremos de ello.

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Perdonar

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 47-48.

Qué es perdonar: a diferencia del resentimiento producido por ciertas ofensas, el perdón no es un sentimiento. Perdonar no equivale a dejar de sentir. Hay quienes consideran que están incapacitados para perdonar ciertos agravios porque no pueden eliminar sus efectos: no pueden dejar de experimentar la herida, ni el odio, ni el afán de venganza. De aquí pueden derivarse complicaciones en ámbito de la conciencia moral, especialmente si se tiene en cuenta que Dios espera que perdonemos para perdonarnos Él. La incapacidad para dejar de sentir el resentimiento, en el nivel emocional, puede ser, efectivamente, insuperable, al menos en el corto plazo. Sin embargo, si se comprende que el perdón se sitúa en un nivel distinto al del resentimiento, esto es, en el nivel de la voluntad, se descubrirá el camino que apunta a la solución.

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Gratitud y resentimiento

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 41.

La gratitud: Un medio especialmente eficaz para evitar el resentimiento, porque se opone frontalmente al egocentrismo y a las demás disposiciones interiores negativas que hemos analizado, lo constituye la gratitud, entendida como capacidad de reconocer los dones y beneficios recibidos. Esta virtud implica la aptitud para descubrir todo lo positivo que hay en nuestra vida y percibirlo como un regalo por el que nos sentimos movidos a dar gracias. Es precisamente lo opuesto al resentimiento: ‘Resentimiento y gratitud no pueden coexistir, porque el resentimiento bloquea la percepción y la experiencia de la vida como don. Mi resentimiento me dice que no se me da lo que merezco’ [Nouwen, H., 1997, El regreso del hijo pródigo, Madrid, PPC: 92-93]. En cambio, quien no espera nada, ni exige nada para sí, se alegra por lo que recibe y ordinariamente le parece que es más de lo que merece. Además, suele experimentar el deseo de corresponder, aunque tantas veces se considere incapaz de hacerlo en la misma proporción de lo recibido. Con palabras de Polaino-Lorente, ‘cuando una persona se siente querida por muchas otras, sin apenas merecerlo, es lógico que entienda esos afectos y su propia vida como un regalo. Si no disponemos de ninguna cosa adecuada para agradecer un regalo de esa naturaleza, solo hay una opción posible: pagar con la misma moneda, agradecer el regalo –el querer- regalando algo de la misma naturaleza, es decir, queriendo’ [Polaino-Lorente, A., 1997, Una vida robada a la muerte, Barcelona, Planeta: 200]. Quien actúa y reacciona de esta manera es incapaz de resentirse. La gratitud, como cualquier otro habito, se puede adquirir y desarrollar mediante la sucesiva repetición de actos: reconociendo interiormente los dones recibidos, expresando exteriormente la acción de gracias y procurando correponder con obras dentro de las propias posibilidades

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Superación de la inseguridad

Ugarte Corcuera, Francisco. 2004. Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad, Rialp: 40.

Superación de la inseguridad: ¿cómo combatir la inseguridad y sus diversas manifestaciones, para reducir la inclinación al resentimiento? Sugerimos a continuación algunos medios: Tener clara la misión que nos corresponde en la vida y abocarnos a ella, de manera que el sentimiento de nuestra existencia proceda del proyecto y los objetivos que nos hayamos propuesto, que a su vez han de coincidir con el plan que Dios tiene para nosotros; crecer continuamente como personas humanas, mediante la adquisición de valores y el perfeccionamiento de los que ya se tienen. Esto provocará que aumente la autoestima y coincida con la auténtica humildad que consiste en la verdad sobre nosotros mismos; fortalecer el carácter, acometiendo retos que exijan vencimiento personal; vivir para los demás, con objetivos claros de servicio, y de este modo conseguir el olvido propio; valorar las capacidades y cualidades personales, sin dejar de ver los defectos- para apoyarnos en ellas. Valorar también los buenos resultados que consigamos en nuestra vida, en cualquier terreno. En ambos casos, atribuyendo a Dios el origen de esas capacidades y resultados; fomentar la confianza en los demás, para saber contar con ellos y sentirnos apoyados; ser conscientes de que somos hijos de Dios y de que Dios es infinitamente bueno y poderoso.

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