Leo Strauss: ¿Atenas o Jerusalén?

Strauss, Leo. 1993. «Nicolás Maquiavelo», Historia de la filosofía política, L. Strauss y J. Cropsey (eds.), Fondo de Cultura Económica: 286.

Los hombres a menudo hablan de virtud sin emplear la palabra sino diciendo, en cambio, «la calidad de vida» o «la gran sociedad» o «ético» o aún «justo». Pero, ¿sabemos lo que es la virtud? Sócrates llegó a la conclusión de que causa el mayor bien al ser humano hacer, diariamente, discursos acerca de la virtud… al parecer sin encontrarle nunca una definición satisfactoria por completo. Sin embargo, si buscamos la respuesta más elaborada y menos ambigua a esta pregunta verdaderamente vital, debemos volvernos hacia la Ética de Aristóteles. Ahí leemos entre otras cosas que hay una virtud de primer orden llamada magnanimidad: el hábito de exigir los más altos honores para sí mismo, en el entendimiento de que se es digno de ellos. También leemos allí que el sentido de la vergüenza no es una virtud: el sentido de la vergüenza es apropiado para los jóvenes que, debido a su inmadurez, no pueden dejar de cometer errores, pero no para hombres maduros y bien educados que simplemente hacen siempre las cosas debidas y apropiadas. Por muy maravilloso que sea todo esto… hemos recibido un mensaje muy distinto de otro lugar muy distinto. Cuando el profeta Isaías recibió su vocación, quedó abrumado por el sentido de su indignidad: «Soy un hombre de labios impuros y entre un pueblo de labios impuros habito». Esto equivale a una condenación implícita de la magnanimidad y a una reivindicación implícita del sentido de la vergüenza. La razón de ello aparece en el contexto: «Santo, Santo, Santo es el señor de los ejércitos». No hay dios santo para Aristóteles ni para los griegos en general ¿Quién tiene razón, los griegos o los judíos? ¿Atenas o Jerusalén? ¿Y cómo proceder para descubrir quién está en lo cierto? ¿No hemos de reconocer que la sabiduría humana es incapaz de zanjar la cuestión y que cada respuesta se basa en un acto de fe? Pero, ¿no constituye esto la derrota completa y final de Atenas? Pues una filosofía basada en la fe deja de ser filosofía. Tal vez sea este conflicto no resuelto el que ha impedido al pensamiento occidental encontrar el reposo. Acaso sea este conflicto el que se encuentra en una especie de pensamiento que es realmente filosófico pero que ya no es griego: la filosofía moderna.

Acerca de Martin Montoya

I am Professor of "Ethics", "Philosophical Anthropology", and "History of Contemporary Philosophy" at the University of Navarra, researching on practical philosophy.
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