Schwarz, Balduin. 2004. Del agradecimiento, Encuentro: 30-31.
Pero en la gratitud por dones que son signos de afecto y amor hay aún otro elemento: que recibo lo que no puedo exigir, pues pertenece a la esencia del regalo el que se dé libremente. En mi agradecimiento reconozco la bondad que fluye libremente del que da, e incluso cuando anhele o pueda esperar el amor que ofrece dones, siempre experimentaré un cierto elemento de sorpresa. Ahí donde el dar y el recibir son auténticos, no habrá elemento alguno de codicia en el que recibe, ni de «soborno» en el que da. Aquí se echa de ver algo paradójico. Lo que el receptor recibe y experimenta como dado «libremente» es vivido muy de otra manera por el donante. Éste siente que debe dar ese don a la persona que es acreedora de su amor. Él no vivirá nunca su propio don, ni el amor o el afecto que lo inspira y que en él se manifiesta, como «libre», en el sentido de arbitrario. Cuando el amor, sea de la especie que fuere, es auténtico, es vivido como «respuesta al valor»[1], y esto implica que se vive como una respuesta que «corresponde»[2] al otro en sentido específico. Tenemos aquí la paradójica situación de que, por una parte, el que recibe no tiene exigencia alguna y, por lo tanto, vive el don como un regalo libre; pero, por la otra parte, el que da sabe que lo que hace debe hacerlo. Esta es la «logique du coeur» de que habla Pascal. Esta paradoja se manifiesta con particular claridad cuando el que recibe necesita realmente el don, cuando es para él necesario, es decir, cuando hace cesar en él una carencia. Pensamos aquí, por ejemplo, en ciertos casos en los que, dentro de una relación humana existente, uno ha molestado u ofendido a otro. A aquél no le es posible exigir un perdón misericordioso, pues sólo puede exigirse la justicia. El perdón ha de ser un regalo libre y sólo puede implorarse. Pero el que perdona sabe que debe ser misericordioso y que su decisión de serlo y de perdonar no puede ni debe ser expresión de su humor caprichoso, sino que se halla hondamente fundada en un deber moral. Lo que en esa situación se echa de ver con particular claridad es una paradoja que, en cierto sentido, domina toda la situación en que están el que da y el que recibe, si bien en grados y modos muy diferentes. Y hallamos aún reflejada esta paradoja en el uso del amable rechazo de las gracias, en expresiones tales como «no faltaría más», «ha sido un placer para mí» u otras semejantes.
[1] El concepto de «respuesta al valor», introducido por Dietrich von Hildebrand, puede considerarse como uno de los decisivos progresos de la Ética filosófica. Fue desarrollado primero en su escrito siguiente: Die Idee der sittlichen Handlung, en «Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung» III (Halle, 1916), pp. 126-251. Ese tema vuelve a tratarse en el capítulo 17 de su libro Ethik, Stuttgart 1973, pp. 201-253. Cf. Además Über das Herz, Regensburg 1967.
[2] Cf. Dietrich von Hildebrand, Ethik, cap. 18.




