Mac Cumhaill, Clare, y Wiseman, Rachael. 2024. Animales metafísicos, Anagrama: 241-243.
Como les había pasado a Philippa [Foot] y Mary [Midgley], la experiencia había convertido a Richard [Hare] en un filósofo moral. «Hasta la guerra, si no hubiese habido una guerra, podría haber vuelto a los clásicos y ser un clasicista. La guerra planteó tantos problemas morales y filosóficos que después ya solo podría ser filósofo», dijo[1]. Su filosofía moral, que desarrolló a lo largo de la década siguiente, se modeló en torno a sus experiencias bélicas, influida, en particular, por dos escenas totémicas y horripilantes.
La primera se remonta a febrero de 1942, cuando la unidad del teniente Hare se rindió. Ellos solo habían hecho dos prisioneros japoneses durante toda la campaña malaya; tras la rendición, los liberaron a ambos. «Cuando los soltamos […] hicieron lo que pensaban que debían hacer: se dirigieron de inmediato a sus unidades, saludaron a los oficiales al mando y luego se hicieron el harakiri»[2] con la intención de «librarse de la deshonra de haber sido hechos prisioneros»[3]. Para Richard Hare, ese fue el momento que lo hizo «dejar de creer en un criterio moral objetivo y universal que se conoce por medio de la intuición y sin razonar, tal como sugería sir David Ross»[4].
La segunda escena tuvo lugar en la última etapa de su cautiverio, después de la larga y terrible marcha a lo largo del río Kwai para trabajar en la construcción de la línea férrea Tailandia-Birmania. Todas las mañanas, el comandante ordenaba a los prisioneros que salieran a trabajar. Todos estaban muriéndose de hambre y algunos muy enfermos de malaria, cólera y disentería. Richard contó la historia del intérprete del campo (que muy bien pudo ser él mismo), que hizo todo lo posible por convencer para que no enviase a trabajar a los más graves, para quienes el agotamiento podía ser fatal. No obstante, al comandante no parecía preocuparle que esos hombres muriesen y su actitud y sus actos fueron, para Hare, una nueva prueba de que Ross y Prichard debían de estar equivocados. Por más que Hare estuviera seguro de que no había que enviar a esos hombres a la muerte, el comandante «tenía una intuición igualmente clara e indiscutible en todos los aspectos» de que su deber era «engrandecer a su emperador y a su país»[5]. Hare pensó que si la intuición moral estaba vinculada a una realidad moral objetiva, semejante choque de intuiciones, violento e insalvable, no debía ser posible. Las intuiciones y las emociones no pueden ser maneras de percibir una realidad moral independiente, solo son el resultado de una educación dada.
Cuando siendo una joven filósofa en Lady Margaret Hall. Dorothy Emmet descubrió que el «mundo de certezas morales» que describían sus profesores no era en absoluto realista, reaccionó buscando una conexión entre lo moral y lo que es importante en la vida humana. Sin embargo, para Hare, a miles de kilómetros de Inglaterra y enfrentado a condiciones y valores que apenas reconocía, la existencia de distintas certezas morales le parecía fatal para la idea de unos criterios objetivos y universales. «Debe entenderse que una comunidad de prisioneros de guerra es una sociedad que ha de constituirse y reconstituirse una vez y otra a partir de la nada», recordó. Ahí no había un pasado ni un entendimiento común de lo que era importante y de la que él podía depender. En «esta situación tan extraña que no cesa de desintegrarse […] nunca se puede saber si la supervivencia personal, que, en cualquier caso, parece bastante improbable, se vuelve más probable cooperando con los compañeros del campo o cuidando solo de uno mismo»[6]. Como había aprendido Mary estudiando a Plotino, un individuo obligado a actuar fuera de una «sociedad buena» no puede confiar en que tal efecto tendrá tal causa; en consecuencia, debemos decidir sin expectativas ni esperanzas en que actuar basándonos en un buen motivo -la amistad, el deber, la benevolencia, el honor- resultará en hacer el bien. Hare, como Plotino, se refugió en su interior; fijó en su mente sus propios principios morales e intentó ligar su futuro yo a dichos principios ocurriese lo que ocurriese.
[1] Transcripción de entrevista personal: RMH con Brian Harrison (ahora Sir), p. 2.
[2] Ibid., p. 8.
[3] Hare, «A Philosophical Autobiography» p. 285.
[4] Ibid., p. 281.
[5] R. M. Hare, «Moral Objectivity», sin fecha. MS, pp. 7-8, R. M. Hare papers.
[6] Hare, «AUTOB2», 31 de mayo de 1994, MS, p. 4, R. M. Hare papers.



