Del ser como libertad al ser vulnerable, y vuelta

Autor: Jorge Martín Montoya Camacho

La crisis contemporánea de sentido —particularmente visible en el ámbito ético— ha sido descrita con frecuencia como una pérdida de referentes normativos, una fragmentación de valores o una incapacidad para articular racionalmente el bien de la vida humana como un todo. Sin embargo, como ha mostrado con especial lucidez Ángel Rodríguez Luño en El ser como libertad. La respuesta del pensamiento metafísico a la crisis de sentido de la ética contemporánea, dicha crisis no constituye simplemente un déficit técnico o metodológico de la ética moderna, sino la consecuencia de una reducción del horizonte metafísico desde el cual se ha pensado la racionalidad práctica (Rodríguez Luño, 1992).

El diagnóstico de Rodríguez Luño es tan sobrio como exigente: la ética moderna no ha olvidado accidentalmente el sentido, sino que ha aprendido deliberadamente a callar sobre él. Este silencio, nacido históricamente de la ruptura religiosa de la Europa moderna y del temor a los conflictos derivados de concepciones últimas del bien incompatibles entre sí, se traduce filosóficamente en una ética centrada en la corrección de actos aislados y en la regulación procedimental de la convivencia. El precio de esta estrategia ha sido alto: la disolución de la pregunta por el bien de la vida como totalidad y la renuncia a una orientación existencial de la razón práctica (Rodríguez Luño, 1992, pp. 460–463).

Frente a este escenario, la propuesta de Rodríguez Luño no consiste en una recuperación nostálgica de la ética clásica, sino en una reapertura del horizonte metafísico desde el cual la ética puede volver a ser significativa. Es en este punto donde su reflexión da un giro decisivo y asume explícitamente el marco teológico-metafísico de Hans Urs von Balthasar. La superación de la crisis de sentido exige, según el autor, una metafísica capaz de pensar el ser no solo como fundamento, sino principalmente como libertad y amor (Rodríguez Luño, 1992, pp. 475–476).

Este desplazamiento ontológico resulta crucial. Pensar el ser como libertad implica abandonar tanto las ontologías de la necesidad como las metafísicas del sistema cerrado. El ser no se impone como una estructura dominable por el pensamiento, sino que se da como don, como acontecimiento que interpela a la libertad humana y exige una respuesta. En este sentido, la verdad del ser no se alcanza mediante un acto especulativo monológico, sino en una relación personal y abierta, donde conocer y querer no se oponen, sino que se implican mutuamente (Rodríguez Luño, 1992).

La apropiación de Balthasar que realiza Rodríguez Luño es explícita y consciente. De él toma, ante todo, la convicción de que la Revelación cristiana excede las preguntas humanas, pero no las anula; al contrario, las incluye y las ilumina por analogía. Dios se revela libremente como amor, y en esa autorrevelación se manifiesta el sentido último del ser (Balthasar, 1985, 1986). La metafísica, sin perder su autonomía relativa, encuentra así su plenitud cuando se abre a este misterio que no puede ser deducido, pero sí reconocido y acogido. En este punto, Rodríguez Luño se distancia tanto del paralelismo metafísico-teológico como de la disolución de la filosofía en la teología, defendiendo una relación fecunda entre razón natural y fe (Rodríguez Luño, 1992, pp. 472–475).

Con todo, el propio Rodríguez Luño es consciente de que esta propuesta corre el riesgo de permanecer en un nivel excesivamente general si no se traduce en una comprensión más concreta de la existencia humana. De ahí que su reflexión apunte —aunque no lo desarrolle sistemáticamente— a la necesidad de una metafísica “respetuosa con el misterio del ser” que sea capaz de orientar efectivamente la vida moral. Es precisamente en este punto donde resulta fecunda la articulación con Trascendentales metafísicos, teleología y vulnerabilidad (Montoya Camacho, 2025), que prolonga y concreta esta intuición metafísica en clave antropológica y ética.

El desplazamiento que introduce dicho artículo puede formularse de manera sintética: del ser como libertad al ser vulnerable. No se trata de una corrección ni de una enmienda a la propuesta de Rodríguez Luño, sino de su despliegue existencial. Si el ser se da como don libre, entonces el modo propio en que el ser humano experimenta ese don no puede ser otro que el de una existencia finita, corporal y vulnerable. La vulnerabilidad no aparece aquí como un accidente biográfico o como un déficit que la libertad deba superar, sino como la forma concreta en que la libertad creada existe y se ejerce (Montoya Camacho, 2025).

Desde esta perspectiva, la lectura de Balthasar se profundiza en una dirección antropológica precisa. Las dualidades metafísicas derivadas de los trascendentales del ser —unidad, verdad, bien y belleza— no se comprenden ya solo como estructuras conceptuales, sino como tensiones vividas en la narrativa de una vida humana que se descubre como llamada y respuesta (Balthasar, 1988). El ser humano se experimenta como don no solicitado, expuesto al otro y necesitado de los demás para alcanzar su propia plenitud. Esta experiencia originaria remite directamente a la vulnerabilidad corporal, psíquica y existencial como condición constitutiva del existir humano (Montoya Camacho, 2025).

Aquí se produce un giro decisivo respecto de muchas interpretaciones modernas de la libertad. La libertad no se define primariamente como autodeterminación soberana, sino como capacidad de responder a un bien que precede al sujeto y que se le ofrece a través de relaciones concretas. La vulnerabilidad, lejos de negar la libertad, la hace posible: solo un ser que puede ser herido, necesitado y cuidado puede también amar, comprometerse y asumir responsabilidades.

Este enfoque encuentra una mediación filosófica especialmente fecunda en la ética de Alasdair MacIntyre. En Tras la virtud, MacIntyre muestra que la pérdida del horizonte teleológico ha conducido a la fragmentación moral moderna (MacIntyre, 2013). Posteriormente, en Animales racionales y dependientes, desarrolla una antropología moral en la que la vulnerabilidad y la dependencia ocupan un lugar estructural en la racionalidad práctica (MacIntyre, 2001). La dependencia no es una anomalía moral, sino una constante de la vida humana, y de ella brotan virtudes específicas —misericordia, hospitalidad, justa generosidad— que resultan centrales para la vida buena.

La articulación entre Balthasar y MacIntyre, tal como se propone en Trascendentales metafísicos, teleología y vulnerabilidad, permite traducir la metafísica del ser como don en una teleología encarnada. La orientación de la vida humana hacia sus fines no se da al margen de la fragilidad, sino precisamente a través de ella. La vulnerabilidad corporal abre al ser humano a bienes que no puede alcanzar en soledad y lo sitúa en el interior de prácticas y comunidades donde la vida moral adquiere sentido narrativo (Montoya Camacho, 2025).

Este movimiento permite, además, volver sobre la propuesta de Rodríguez Luño desde una nueva perspectiva: del ser vulnerable al ser como libertad, y vuelta. La vulnerabilidad no es el punto final del recorrido, sino el lugar desde el cual la metafísica del ser como libertad se vuelve inteligible y operativa. Al integrar la vulnerabilidad en el núcleo de la antropología filosófica, se evita tanto una metafísica abstracta de la libertad como una ética sentimental desprovista de fundamento ontológico.

En este doble movimiento se perfila una vía prometedora para la ética contemporánea. Frente a la alternativa entre una ética procedimental sin horizonte y una subjetivización del bien, se propone una racionalidad práctica capaz de integrar metafísica, antropología y ética. El sentido de la vida moral no se impone desde fuera ni se inventa arbitrariamente, sino que se descubre en la experiencia compartida de una libertad que se sabe donada, expuesta y llamada a cuidar.


Bibliografía

Balthasar, H. U. von. (1985). Gloria. Una estética teológica I: La percepción de la forma. Encuentro.

Balthasar, H. U. von. (1986). Gloria. Una estética teológica IV: En el espacio de la metafísica. Encuentro.

Balthasar, H. U. von. (1988). Teodramática II: Las personas del drama. Encuentro.

MacIntyre, A. (2001). Animales racionales y dependientes: Por qué los seres humanos necesitamos las virtudes. Paidós.

MacIntyre, A. (2013). Tras la virtud (trad. castellana). Austral.

Montoya Camacho, J. M. (2025). Trascendentales metafísicos, teleología y vulnerabilidad. Manuscrito publicado.

Rodríguez Luño, A. (1992). El ser como libertad. La respuesta del pensamiento metafísico a la crisis de sentido de la ética contemporánea. Scripta Theologica, 24(2), 459–477.